Jeudi 1 décembre 2011 4 01 /12 /Déc /2011 15:35

Hrod Mérida

 

Vivimos una situación de retroceso sin precedentes en los niveles de vida y las conquistas sociales. Este  retroceso se plasma en lo material con la bajada drástica de los ingresos de las amplias masas de la población. Viene acompañado, a su vez, por una bajada drástica en el nivel de consumo y por una dificultad cada vez mayor en el acceso a derechos básicos como la vivienda, o el derecho al trabajo, que no es más que el derecho a la “subsistencia” dentro del régimen imperante de esclavitud asalariada que constituye la espina dorsal del capitalismo.

Esto, tiene su impacto en el plano ideológico. Hemos pasado por un período de triunfalismo, por parte del capitalismo, en el discurso dominante, como consecuencia de la disolución de los regímenes de economía burocráticamente planificada del el Este, bien caracterizado por ideólogos como el neoliberal Fukuyama con su célebreFin de la historia.

Este discurso está comenzando a hacer aguas, ante los ojos de la gran masa de la población, con las embestidas de la crisis, que se traducen en una drástica caída de los niveles de vida, un empobrecimiento creciente y la falta de acceso a derechos básicos como la vivienda.

Sin embargo, nos vemos en el drama de que, mientras la ideología del sistema hace aguas, no existe a su izquierda ninguna gran ideología, ningún gran programa de cambio social bien arraigado en el ideario colectivo, bien ligado a las aspiraciones de las masas y entendido por ellas, con la perspectiva histórica de refundar las bases de la economía sobre otro modelo.

La situación es cuanto menos contradictoria. Carece de antecedentes en que se da a escala global, y se plasma, por un lado, en la ideología reaccionaria, sin base social real, salvo como falsa ideología para anestesiar a los niveles de conciencia más atrasados de las masas, de las altas clases dirigentes y buena parte de la “intelectualidad” que le sirve de mercenario ideológico; por otro, en la apatía reinante en todo lo que concierne a la vida política del grueso de la clase asalariada, la mayoría de la cual, a pesar de hacerle ascos a la política, continúa fluctuando a la hora de acudir a las urnas entre las grandes marcas bipartidistas que convergen entre sí en más de las 4/5ªs partes de su contenido económico.

Socioliberales y neo-cons, son ambas las dos caras más palpables de una misma ideología económica, basada en el máximo aumento de la tasa de ganancia sobre la base del aumento de la tasa de explotación, recortando gastos en todo lo que se refiere a la extensión social del Estado, y reforzando su papel de maquinaria de coerción. Son lo mismo.

Esto lo ha comenzado a comprender bastante bien la mayoría social del movimiento 15-M y de “indignados” a nivel mundial que, por primera vez comienza a popularizar entre el gran público, consignas de desprestigio hacia la casta dirigente, y a introducir elementos de denuncia estructural hacia todo lo que tiene que ver con el carácter profundamente antidemocrático, y autoritario del Estado y del sistema político.

Y es que, como venimos defendiendo históricamente los socialistas revolucionarios, contra todos los prejuicios “democráticos” propios de un ala bienintencionada de la intelectualidad de clase media, el  gran abismo existente entre las capas populares, y la casta dirigente, se debe a que, lejos de ser una herramienta democrática, que exprese las aspiraciones del pueblo a través de los comicios electorales, el actual Estado-nación es poco más que una herramienta de dominio, represión, control y administración al servicio de ésta. Es aquel instrumento que se da para sí el conjunto de la clase capitalista, para resolver aquellos problemas que atañen a los intereses colectivos de su clase por encima de las divisiones reinantes entre distintas empresas, monopolios y competidores.

De ahí deriva todo lo que tiene que ver con el carácter represivo del Estado. Esta herramienta represiva, como no cabía esperar que fuese de otro modo, es casi siempre monopolizada por las dos o más grandes fuerzas políticas que se turnan cada pocos años en el ejercicio del gobierno, por la sencilla razón de que ambas cuentan con el apoyo económico, mediático, burocrático y financiero de las élites económicas. Por encima de diferentes disputas personales o de intereses entre facciones, y por encima del circo mediático, ambas o más grandes fuerzas políticas bipartidistas (u oligopartidistas según los casos), representan los intereses colectivos, comunes, de quienes les financian: el capital financiero.

De ahí derivan las bases socioeconómicas para el monopolio político del poder por parte de dos o más grandes partidos que representan, en lo esencial, las mismas políticas económicas.

De la misma manera en que, en virtud del régimen existente de propiedad privada, y de igualdad formal, pero no social ni económica ante la ley, la clase capitalista se procura para sí el control de los grandes medios de producción de la industria, de las grandes áreas de servicios, de los grandes medios de prensa y telecomunicaciones, de las aerolíneas y transportes… también se da para sí el control del Estado y la vida política.

Esto, debe hacernos tomar conciencia del verdadero carácter de dictadura social y económica de este sistema, y hacernos romper de una vez por todas toda ilusión vaga de aspiraciones “democráticas” dentro del actual sistema de derecho; en tanto no cuestione este, pilares básicos como la propiedad privada, o la palmaria desigualdad que emana de las fuentes mismas del derecho y que consiste en una desigualdad económica. Quien tiene el dinero, es libre de contratar mejores abogados y asegurarse una mejor defensa en un juicio, es libre de comerciar, de especular, invertir en bolsa y ser de esta forma partícipe de los resortes, de las grandes decisiones que se toman en la economía… Es libre de despedir, contratar, generar la opinión desde los grandes medios de prensa… presentar y dar a conocer a sus candidatos de cara a las elecciones… y controlar así, el contenido económico de las leyes, y las políticas de Estado, llegando a comprar, en última instancia, aquellos bienes de que el Estado va prescindiendo, abriéndolos a la lógica del mercado.

Este consenso bipartidista u oligopartidista, ha comenzado a presentar fisuras. Vivimos en una crisis generalizada del sistema capitalista vigente, que se traduce, por un lado, en el ataque generalizado a las conquistas y derechos básicos sociales de la población asalariada. Pero que se traduce, también, en el desprestigio abierto, de la política… que poco a poco, empieza a mostrar cada vez más su rostro más abierto de política por y para los intereses de unos pocos capitalistas. De Estado por y para la financiación de la deuda de los ricos, y la expoliación de los recursos de los pobres.

Poco importan, en el fondo, pues, que los gobiernos y partidos tienden a monopolizar las instituciones parlamentarias, y que deciden y ejecutan las políticas orientadas a una mayor y mejor explotación y coerción sobre los pobres, en el ejercicio del lucro por parte de los capitalistas, sean votados por nosotros; o designados a dedo desde una cumbre del Banco Central Europeo. Todo lo más, esto no hace sino llamar de una vez por todas las cosas por su nombre; eliminar la careta, arrebatar sin tapujos el velo “democrático”-abstracto que camufla y embadurna el carácter de dictadura social y económica capitalista del Estado, ante la gran masa despolitizada.

Contribuye, pues, a sentar las bases para la escuela de la lucha de clases entre las masas asalariadas de la población, quitando el antifaz a su enemigo y poniéndolo de una buena vez al desnudo.

Así, en un sector cada vez más amplio de la juventud y la masa asalariada, surge un sentimiento mayor de rechazo a  las estructuras del régimen, del sistema.

La palabra régimen, deja de ser un término maniqueo, privativo de los ideólogos burgueses de la transición, para ser la tónica dominante de un sistema regentado por los grandes grupos de poder económico.

Este sector comienza a cuestionar instituciones como los partidos mayoritarios, la clase política o, cada vez, con menores tapujos, la dictadura social de lo que llaman “mercados”, el poder de grandes élites financieras, que controlan a las agencias de prensa y televisión, y a los partidos políticos mayoritarios, y elaboran todo tipo de leyes para coartar la partición de las opciones con propuestas políticas radicales, o alternativas a la lógica imperante del sistema; para proscribir, en una palabra, del grueso de las instituciones parlamentarias a los partidos con base obrera.

Vemos así, que la política se cocina desde determinadas instancias, por parte de un séquito de banqueros, socios y grandes accionistas de Sociedades Anónimas transnacionales, y dueños de medios de prensa.

Este este el poder al que debe atacar la juventud indignada y la clase trabajadora.

En una situación en que el capitalismo ha alcanzado un nivel de desarrollo industrial y tecnológico nunca antes alcanzado por la civilización humana, se disparan en el mundo subdesarrollado, y aun en buena parte del desarrollado, los índices de explotación, precariedad, insalubridad, hambre y miseria.

El capitalismo, rinde así, de este modo, honor a su carácter de maquinaria insaciable, que en su constante pugna por la obtención y concentración de poder y riqueza, en base a los beneficios, en torno a cada vez menos manos, termina expoliando y devorando las fuerzas productivas de la misma sociedad, que descansan sobre los hombros de los asalariados modernos, llevándolos a la extenuación y aun hasta al exterminio físico cuando comienzan a producir más costes que las ganancias que generan, y el capital, ya no los necesita, amenazando así, con convertirse en un constante foco de agitación.

Es sobre esta base que debemos contextualizar el actual proceso de post-industrialización, de destrucción y desinversión masiva en ramas enteras de la industria, generando la destrucción masiva de puestos de empleo.

Las instituciones están tan unidas a los grandes grupos de poder económico, que casi no permiten el menor resquicio para que las clases subalternas, grupos de oposición al régimen, u organizaciones con capacidad de defender los intereses de las masas explotadas, tengan opción de expresar políticamente su descontento, o desarrollar ajenas a la lógica depredadora del sistema.

Semejante situación de asfixia política y económica, en la mayor etapa de decadencia conocida del capitalismo, hace necesario un cambio drástico.

Dicho cambio, debe pasar por elaborar una obra consciente, de refundar las bases de la economía sobre otro sistema, cuya lógica no sea la máxima obtención de beneficios, sino el satisfacer las necesidades y aspiraciones sociales y humanas.

¿Qué nombre debemos darle? Eso lo decidirán próximos ciclos de luchas. Pero podemos retomar algunos referentes del pasado cercano.

Referentes históricos que nos hablan de la rebelión de los hambrientos, de la emancipación de los esclavos asalariados modernos, de la llegada al poder de los exprimidos.

Epiodios como el ciclo clásico de revoluciones obreras que va desde la Comuna de París de 1871, el primer episodio en la historia en que los hambrientos, los exprimidos, se hacen en bloque con el control de la maquinaria de Estado, demoliendo desde sus cimientos el viejo orden y tipo de Estado al servicio del control, gestión y represión por parte de una minoría adinerada, para sustituirlo, en su lugar, con una nueva clase de maquinaria política, basada en asambleas que van desde los barrios y fábricas hasta los centros de las ciudades, apta para la participación de las amplias masas de la población en la vida política. Este nuevo tipo de ente político, no fue llamado gobierno, fue llamado Comuna.

Un ciclo que pasa por la oleada de revoluciones soviéticas en Europa del Este y Central, cuya obra más culminante es la Revolución de Octubre de 1917, en que por primera vez, las masas asalariadas y campesinas se hacen con el poder de la maquinaria de Estado no en una sola ciudad, sino en los vastos territorios de todo un Imperio, concediendo el derecho de autodeterminación a las nacionalidades oprimidas y elevando a organismos de control y gestión democrática sus propias organizaciones asamblearias, los Soviets, constituyendo una Federación de Repúblicas Socialistas en lo que antes era Rusia.

Este ciclo, llega a su momento culmen tras la subida y afincamiento del stalinismo en el poder, con el sometimiento de la III Internacional a las directrices del Kremlim y la derrota, planificada, de los procesos de revolución obrera en China en 1927, Alemania desde 1923, hasta la llegada al poder del Fascismo en 1932, facilitada por la decisión del KPD de no pactar, bajo el menor concepto, un Frente Único con la socialdemocracia, y en España, en el ciclo iniciado por la proclamación de la II República, la insurrección y represión de Casas Viejas por la coalición republicano-socialista, la represión de la Revolución Asturiana de 1934 bajo el gobierno reaccionario de la CEDA con el abandono de las direcciones reformistas del PSOE a nivel estatal, y el golpe de Estado, insurrección obrero-campesina y guerra civil, desarme por retaguardia (sucesos de Mayo) y destrucción militar por vanguardia de las fuerzas obreras, en el contexto de la Revolución Social Española de 1936.

Mientras vemos, a un 15-M de críticas abiertas y despiadadas pero alternativas, programa, tácticas y planteamientos confusos, entrar en declive, nuevos movimientos sociales, sindicales y obreros, comienzan a tomar su lugar en la palestra pública. Son las nacientes oleadas de lucha obrera, por parte de sectores de base del sindicalismo y la clase trabajadora: reacciones como las de los trabajadores de la sanidad y enseñanza, y estudiantes de enseñanza media y superior (huelga del 17-N), en defensa del interés público.

Fruto de esto, son episodios como las últimas semanas de movilizaciones en la enseñanza pública y la sanidad en diversas comunidades autónomas, en el Estado español. En la palestra internacional, vemos a su vez fenómenos como las oleadas de huelga general autogestionada al margen de las burocracias sindicales en Grecia, o la huelga general del sector público de Gran Bretaña, sin duda la más importante desde la Huelga General de 1927, hechos todos estos, sin precedentes, desde la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, exceptuando quizá, el Mayo Francés en Europa, y la batalla de los Cordones Industriales, bajo el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile (1969-73).

Asistimos, por otro lado, al nacimiento de procesos revolucionarios en todo el Norte de África y Oriente Medio. Episodios como las revoluciones inacabadas de Túnez y Egipto, que   luchan ahora por derrocar a la Junta Militar post-Mubârak, y a los gobiernos formados por antiguos elementos asociados a la dictadura;  o el estallido de revueltas populares contra los regímenes en los países de Libia, Siria o Yemen, que generaron fuertes convulsiones y divisiones entre las mismas bases y aun en la jerarquía del ejército, conduciendo en muchos casos, como el de Libia, o amenazando, como en los de Siria o Yemen, con la perspectiva de la guerra civil; procesos estos que planean ser hábilmente desviados y controlados desde adentro por toda un ala de la oligarquía en estrecha colaboración con el imperialismo, con ayuda de la intervención, vía bombardeos aéreos, de las potencias capitalistas intervencionistas, en torno al eje Francia-Gran Bretaña-EE.UU.-España y, recientemente, Italia, en clara disputa con el bloque Alemania-Rusia-China-India-Irán-Bloque del ALBA.

Par inviernorojo
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Lundi 7 novembre 2011 1 07 /11 /Nov /2011 19:30

 

¡Exijamos la inmediata puesta en libertad de todos los detenidos, ya!

 

Reporteros del C.I.T.

 

El 4 de Noviembre, el eurodiputado del Partido Socialista irlandés, Paul Murphy, fue detenido por el ejército israelí, junto con otros activistas de la Flotilla Olas de Libertad

La Flotilla, compuesta por el barco irlandés, MV Saoirse, y por el barco canadiense, Tahrîr, intentó arribar en Gaza en solidaridad con el hostigado pueblo palestino, entregándoles ayuda humanitaria.

La Armada Israelí, se sirvió de un carro lanza agua de alta presión, dirigido contra la cubierta del Saoirse. A continuación, hacemos público este vídeo del ejército israelí cargando contra la embarcación.

http://www.youtube.com/watch?v=6qK7RqLxIJU&feature=player_embedded

Los manifestantes fueron puestos bajo custodia de la policía israelí y la oficina de inmigración los arrestó bajo la acusación de haber entrado en Israel "ilegalmente". En realidad, fueron secuestrados en aguas internacionales, cuando se hallaban aún rumbo a Gaza.

Al eurodiputado, Paul Murphy, se le permitió hacer una llamada de tres minutos ayer de la prisión de Givon, en Israel (que las autoridades de prisión escucharon). Paul relató de forma vívida los malos tratos recibidos por él y el resto de camaradas presos, con el siguiente testimonio: "Nuestra embarcación casi fue hundida por el modo en que fue cercada y abordada por la armada israelí. La gente fue esposada y despojada de sus bienes personales."

"En la prisión de Givon, las autoridades intentaron desorientarnos mediante privación del sueño y la requisición de nuestros relojes, con el reloj de la prisión dando mal la hora. No se nos ha dado ninguna estimación del tiempo que estaríamos retenidos, con anterioridad al proceso de extradición. Se nos negó nuestros derechos, por parte de la autoridad israelí, de contactar con nuestras familias en las primeras 24 horas de nuestro arresto."

"Después de haber llevado a cabo una acción de protesta, hemos logrado una mejora en el trato, y se nos ha devuelto nuestros libros y nuestro material de escritura."

"Estamos pendientes de una entrevista con el embajador israelí justo hoy, y hemos logrado alguna asistencia consular. Nos dirigimos al gobierno israelí para exigir a las autoridades nuestra liberación inmediata."

"Permanecemos firmes, determinados a llevar a cabo nuestra misión que, una vez más, nos ha servido para poner al descubierto la naturaleza criminal del Estado israelí, en la bloqueo contra Gaza, a quienes tratamos de darles ayuda, a fin de aliviar la pobreza y el sufrimiento con los que tiene que lidiar la población."

Protestas de solidaridad en Israel

Los partidarios del Comité por una Internacional de Trabajadores, en Israel, están llevando a cabo una campaña por la liberación de Paul y todos los detenidos, incluyendo ayer varias protestas en Haifa y Tel-Aviv. Se planean más protestas en el día de hoy, las cuales coincidirán con una huelga general de 4 horas, por todo el país, convocada por el sindicato Histadrut. Los camaradas israelíes del C.I.T. entienden que Paul y los otros activistas serán puestos a disposición de un tribunal en el día de hoy, aunque carecen de información definitiva hasta la fecha. De acuerdo con la legalidad israelí, el juicio debe tener lugar antes de 72 horas de arresto. Paul y los otros se enfrentan a una posible deportación, a lo largo de la semana.

La Embarcación Irlandesa de Rumbo a Gaza ha convocado una manifestación de protesta frente al Departamento de Asuntos Exteriores en Dublin, durante el día de hoy.

El Comité por una Internacional de Trabajadores, llama a los lectores a dirigirse inmediatamente en protesta a las embajadas israelíes y consulados, en sus respectivos países, exigiendo la liberación inmediata de Paul Murphy y los otros activistas del Saoirse y el Tahrîr.

Puedes mandar también tus protestas a las autoridades de la prisión de Givon:

Número de Fax: +97289193261

Número de Teléfono: +972.8.919.32.60


Par inviernorojo
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Mardi 25 octobre 2011 2 25 /10 /Oct /2011 15:17

 

Hrod Mérida

Libia es el ejemplo contemporáneo más claro, de cómo una revuelta generalizada de la población, con un alto tinte y potencial revolucionario, puede ser transformada en una contrarrevolución, ante la perspectiva de injerencia militar del imperialismo, representado en la OTAN, y la falta de una organización independiente del proletariado.


La clase trabajadora en Libia, ha estado dividida,desde el comienzo de la revuelta, entre clase trabajadora nativa, y clase trabajadora extranjera. Para hacer frente a esta división, ninguno de los sectores que se han arrogado en dirigentes militares de la revuelta, han planteado ningún tipo de decretos o medidas, como la legalización, con plenos derechos de las masas de trabajadores extranjeros que residían en el país, en ciudadanos libios.

Todo lo más, la dirección de clase media de los Comités Populares que se constituyeron en varios puntos del país al comienzo de la revuelta, tan sólo se ha preocupado de saciar los estrechos intereses corporativistas de aquel sector de la clase media y trabajadora desplazado de las instancias funcionariales por la facción regente del poder.


Por su parte, aquel sector de la oligarquía desplazada por el régimen, de los altos funcionarios y jerarcas militares pasados de forma oportunista al bando de la revuelta, para tratar de controlarla y preservar sus privilegios, han encontrado un excelente aliado en el imperialismo extranjero.

Este les brinda la oportunidad de debilitar por vía aérea la resistencia de las fuerzas leales al régimen, mediante bombardeos indiscriminados que, en muchos casos, se han saldado con víctimas civiles entre la población.


Rápidamente organizaron un gobierno de transición, similar a las actuales Juntas Militares y gobiernos provisionales, continuadores del régimen anterior, que regentan Egipto y Túnez hasta la convocatoria de elecciones multipartidistas.

Este gobierno se constituyó como el CNTI, Consejo Nacional de Transición Interino, y está representado por excrecencias del antiguo régimen de gaddafi, elementos del aparato gubernamental, antiguos burócratas y embajadores, cabecillas de las fuerzas militares, y hombres de negocios.


Para lograr el apoyo incondicional de la cúpula dirigente del CNT, los intervencionistas extranjeros, maniobraron desde sus gobiernos y los organismos de la ONU, vacilando los primeros meses, retrasando todo lo posible la intervención extranjera, intentando conciliar con ambos sectores, cúpulas del régimen, y cúpulas del bando anti-régimen.

Intentaron llegar a acuerdos con Gaddâfî, por una parte, a fin de que les permitiese mantener intactos sus privilegios en la explotación y exportación petrolera,  en caso de victoria. Y a la misma vez, buscaron negociaciones con la cúpula del CNT y el alto mando militar "rebelde", a fin de obtener garantías de que respetarían los acuerdos y contratos petroleros con las multinacionales extranjeras, otorgándoles un trato más favorable a las empresas de aquellos países que estaban dispuestos a intervenir a su favor.

Esta clase de doble juego no pareció gustar a Gaddâfî quien, por otra parte, aún sentía temblar el suelo bajo sus pies, y era tan solo cuestión de tiempo que terminase cayendo su dictadura, en el hipotético y previsible caso, de que se reavivase, entre sectores de la población civil, dentro del bando leal, la revuelta.

En contraparte, Gaddâfî prometió tomar represalias, no respetando los acuerdos petroleros con aquellos gobiernos que habían comenzando a maniobrar en su contra.


Esto, junto con las promesas del CNT de respetar acuerdos petroleros y otorgar un trato más favorable a los gobiernos pro-intervención, terminó decidiendo a la coalición Francia-Gran Bretaña-EE.UU. y España, a la que luego se adheriría oportunistamente la Italia de Berlusconi --antes aliado incondicional, junto con Sarkozy, Aznar y Bush, de Gaddâfî--a intervenir "en favor" de las fuerzas rebeldes, transformando la guerra civil, en guerra de rapiña imperialista.

Esto en la práctica viene a ser, no a intervenir en favor de una mayor libertad, prosperidad y democracia para las amplias capas de la población civil, sino intervenir en favor de un mejor reparto en los acuerdos petroleros.


La intervención, per sé, no pretendía beneficiar a la base social de las fuerzas rebeldes, que tan sólo lucha por un cambio de régimen que ofrezca mejores condiciones de vida, tanto en lo económico como a nivel político, y de participación en la vida pública, a la población; pretendía beneficiar a aquel sector de la oligarquía militar, tribal y gubernamental libia, pasado a la revuelta,que optaba ahora, por apoyar las pretensiones del imperialismo, haciendo justicia a su retrógrado papel de "burguesía compradora".

A cambio, la oligarquía encarnada políticamente en el CNT, sólo tenía la misión de limpiar, de sus propias filas, a todo aquel sector descontento con el apoyo y la intervención de la OTAN.


Pero hay un problema, y es que un sector de las fuerzas rebeldes que son opuestas a la intervención extranjera lo componen milicias civiles de ciudadanos espontáneamente armados durante el inicio y transcurso de la revuelta.

Ésta, no cuenta con una organización política propia, pero tiene ideología, y compone la base social de la revuelta.


En los últimos días, con la victoria militar total del bando rebelde, dirigido por el CNT, pero con una fuerte base social de milicias civiles armadas, y la caída definitiva y muerte de Gaddâfî, ciertas tensiones, vigentes durante el transcurso de la revuelta, prometen reavivarse, en la medida en que el nuevo gobierno ha mantenido intactas, en más de las 3 cuartas partes, todo lo concerniente a la política económica neoliberal que ya comenzó, a lo largo de la década de los 2000 y parte de los 90, el anterior régimen de Gaddâfî, en estrecha colaboración con el imperialismo extranjero.

Habrá que esperar los próximos meses para ver si, ante la perspectiva de un probable recrudecimiento y profundización en las políticas neoliberales, por parte del nuevo régimen títere de la OTAN, se reaviva la contestación popular en contra del nuevo gobierno, con la perspectiva de nuevos enfrentamientos civiles; o si por el contrario, el nuevo gobierno títere termina imponiéndose en la palestra pública y militar, procediendo al completo desarme de los sectores de milicias armadas de base y desarrollando una contrarrevolución contra sectores políticamente disidentes

 

Revolución o contrarrevolución, en el actual marasmo en que se encuentra la revuelta árabe, con la caída de la dictadura de Gaddâfî y la implantación de un nuevo tipo de régimen-dictadura títere --con una base social fundamentalmente tribal, limitada al área oriental de Misrata y Bengazi--, no existe camino o punto intermedio. Cualquier etapa de transición intermedia estará marcada por la inestabilidad, y no quedará exenta de convulsiones sociales; con la perspectiva de una reavivación de la guerra civil, esta vez sí, con un trasfondo antineoliberal, y antiimperialista, y no tan sólo de "democracia" formal multipartidista, de por medio.

 

Par inviernorojo
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Lundi 24 octobre 2011 1 24 /10 /Oct /2011 15:55

Hrod Mérida

Vivimos una situación de retroceso en los niveles de vida y las conquistas sociales, sin precedentes. Este retroceso, plasmado en lo material, con una bajada drástica de los ingresos de las amplias masas de la población, viene acompañado por una bajada drástica en el nivel de consumo y por una dificultad cada vez mayor en el acceso a derechos básicos como la vivienda, o el derecho al trabajo, entendido no tan sólo como empleo digno, sino como empleo precario, es decir, lo que empieza a estar cuestionado aquí es el ya de por sí cuestionable "derecho" a la "esclavitud asalariada", como medio esencial y consustancial de subsistencia del proletariado en el capitalismo moderno.


Este retroceso material, tiene su impacto también en la ideología, en una forma de retroceso ideológico. Este retroceso en la ideología, se caracteriza, por ser más o menos paralelo en todas partes. No tiene precedentes en la medida en que se da a escala global, y se plasma, por un lado, en la mentalidad reaccionaria de las altas clases dirigentes y un sector de la "intelectualidad" que le sirve de mercenario ideológico; por otro,  por la apatía reinante hacia todo lo que concierne a la vida política en las amplias masas despolitizadas, y apáticas, de la población, limitadas a una educación política de clientelismo, con la que tienden a polarizarse, a la hora del voto, en torno a las grandes corporaciones bipartidistas, que se turnan cada varios años en el poder, sin el menor atisbo de crítica a los elementos esenciales de su política económica, que convergen entre sí en más de las 4/5ªs partes hacia lo mismo.

 

 

Estas dos o más corporaciones bipartidistas u oligopartidistas, representan los mismos intereses de clase, ya que defienden con sus políticas los intereses de las grandes multinacionales y bancos, que son los que financian sus campañas políticas. Esta es la causa principal del gran abismo existente entre las capas populares, y la casta política, monopolizada por dos o más grandes partidos cuyas fuentes de financiación son la misma: el gran poder económico, y del carácter impopular, en última instancia, de su actual política socioeconómica basada en inyecciones masivas de dinero al gran capital, y recortes y privatizaciones a los servicios sociales, los bienes públicos, la calidad del empleo y los salarios.


Este consenso bipartidista u oligopartidista, ha comenzado a presentar fisuras, en la actual situación de crisis generalizada del sistema capitalista vigente, y de ataque en masa a las conquistas y derechos sociales básicos de la población asalariada.


 

Así, en un sector cada vez más amplio de la juventud y la masa asalariada, surge un sentimiento cada vez mayor de radicalización, y de cuestionamiento generalizado a las estructuras vigentes del régimen, y del sistema. Este sector comienza a cuestionar instituciones como los partidos mayoritarios, la clase política o el poder de las oligarquías financieras, y a su vez, el poder mediático de los grandes medios de masas capitalistas, cuyo cometido es polarizar la opinión pública en favor de sus intereses, y generar confusión sobre la verdadera raíz de los grandes problemas socioeconómicos que son consustanciales a la manera de hacer negocios del capitalismo.


 

Así, si vamos echando un vistazo a cómo está organizada la estructura de socioeconómica de relaciones de poder existente, y ascendemos poco a poco un peldaño tras otro hacia la cúspide del poder, nos sorprenderá ver cómo todas las grandes instituciones que componen el Estado, el actual régimen político, tales como el parlamento, las leyes, los tribunales, la policía, los partidos, la burocracia; y el sistema económico, tales como la bolsa, los mercados, la banca, los grandes medios de prensa, las grandes empresas transnacionales y monopolios, grandes franquicias y cadenas de producción, con sus sucursales y subcontratas, etc., están unidas por miles de lazos y vínculos a las mismas grandes familias que regentan el 90% de las relaciones de producción, de financiación, de inversión, de comercio, que influyen en las acciones políticas de los gobiernos, en una palabra, que influyen en las relaciones de poder, que constituyen la oligarquía o élite financiera.


En una situación en que el capitalismo ha alcanzado un nivel de desarrollo industrial y tecnológico sin precedentes, se disparan en el mundo subdesarrollado, y aun en buena parte del desarrollado, los índices de explotación, precariedad, insalubridad, hambre y miseria.


 

Al mismo tiempo, las instituciones están tan unidas a los grandes grupos de poder económico, que casi no permiten el menor resquicio para que las clases subalternas, grupos de oposición al régimen, u organizaciones que se erigen en representantes ideológicos de los intereses de las masas explotadas, tengan opción de expresar, políticamente, su descontento, o desarrollar políticas alternativas, en oposición a los continuos ataques de las clases altas a los niveles de vida de las grandes masas de asalariados que constituyen el 90% de la población en la mayoría de países del capitalismo avanzado, y a su sector más castigado, y cada vez más generalizado entre las capas jóvenes de la población, el precariado moderno.


Semejante situación de asfixia política y económica, en la mayor etapa de decadencia conocida del capitalismo, hace necesario un cambio drástico.


Fruto de esta situación de frustración creciente, son los nuevos movimientos sociales como el de los Indignados, movimientos de asambleas populares y de ocupaciones de plazas que van extendiéndose uno tras otro a los países más castigados por las políticas de ataques y recortes a las conquistas sociales y niveles de vida del capitalismo avanzado, y aun a países semicoloniales, o dependientes, pertenecientes al ámbito de la periferia (el mal llamado Tercer Mundo, por el discurso eurocéntrico, y filantrópico de las clases altas y las ONGs).


 

Son asimismo, las nacientes oleadas de lucha y contestación social por parte de sectores del sindicalismo de base y la clase obrera que, de manera generalizada, comienzan a verse afectados en sus gremios por esta ofensiva de recortes a los bienes públicos, por parte del capitalismo, tal es el de sectores de trabajadores públicos como los funcionarios, los trabajadores de la enseñanza, o de la sanidad.


Fruto de esto, son episodios como las últimas semanas de movilizaciones en la enseñanza pública y la sanidad en diversas comunidades autónomas, en el Estado español, como la última huelga general de 48 horas en Grecia, después de varios meses y semanas de movilizaciones y luchas, cada vez más generalizadas a los diferentes sectores laborales públicos y privados del país, empezando por la huelga de basureros, o la huelga general del sector público de Gran Bretaña, sin duda la más importante desde la Huelga General de 1927, hechos todos estos, sin precedentes, desde la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, exceptuando quizá, el Mayo Francés, en Europa.


 

Asistimos, por otro lado, a un nuevo despertar de los levantamientos de masas, revolucionarios, en países semicoloniales, o dependientes, como los del Norte de África, y buena parte de Oriente Medio, que se traducen en el estallido de las primeras grandes revoluciones de masas del siglo XXI, aún incompletas y con frutos sólo transitorios en los países árabes de Egipto y Túnez, que han derribado a las cabezas visibles de dictaduras títere cleptócratas afianzadas desde hace varias décadas sin el menor atisbo de oposición legal, no perseguida por el régimen, y abierto el paso a una oleada creciente de radicalización y politización de la clase obrera y amplios sectores de la juventud, iniciada ya en parte con las huelgas de 2006 en adelante en Egipto, abriendo el paso a la formación de nuevos partidos de ideología de izquierda radical;


o el estallido de revueltas contra los regímenes burocráticos, e igualmente cleptócratas, que son la encarnación de la oligarquía militar y la inestable burguesía regional, en los países de Libia, Siria o Yemen, generando fuertes convulsiones y divisiones entre las mismas bases y aun en la jerarquía del ejército, conduciendo en muchos casos, como el de Libia, o amenazando, como en los de Siria o Yemen, con la perspectiva de la guerra civil, y la oportunista intervención de los sectores abiertamente intervencionistas de las potencias capitalistas extranjeras, encarnados en un sector de la OTAN en torno al eje Francia-Gran Bretaña-EE.UU.-España y, recientemente, Italia.


 

Par inviernorojo
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  • : Artículos de actualidad política, sobre la crisis estructural del capitalismo, los ataques a los niveles debida, y la resistencia de la clase trabajadora. Analizamos la necesidad de un cambio social, basado en la democracia directa, la socialización de la banca y los sectores estratégicos de la industria y las infraestructuras, capaz de restituir los niveles de vida de la clase trabajadora y acabar con la división en clases sociales.
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